Viajes

Rastros Decadentes y Huellas de Esplendor: Lisboa

Texto: Nieves Gzs. Leal Publicado: 20 de junio de 2013


“Es una ciudad melancólica, con un pasado que ya no existe, y que no volverá”

Mikado deja su impresión sobre Lisboa, a la vez que el vaso de oporto sobre el mármol de la mesa, y decide dar cuenta de otro pastéis de Belém. Esa delicia de receta secreta que se toma en una antigua refinería de azúcar; y con lo que, me parece, intenta mitigar el final de sus días lisboetas.

“Me gusta llegar a Belém en el antiguo tranvía 15, y en la zona tienes entretenimiento de sobra: El Monasterio de los Jerónimos con el obligado paso por el claustro, la Torre de Belém, el Monumento a los Descubrimientos, y la ribera del Tajo con ese paseo que incluye pararse en la terraza del Hotel Altis Lisboa y observar el puente rojo, tan parecido al de la bahía de San Francisco, y que te lleva a una versión minimizada del cristo del Corcovado en Brasil.

Lisboa

Asiento en silencio, pero Beatriz le pone ese toque especial que tiene la ciudad, y que tan bien transmite “La cercanía con que se encuentra Lisboa, hace fácil incluirla como destino. La sensación de retroceder en el tiempo es bastante peculiar y la gentileza de sus gentes la recuerdo fresca en la memoria, donde desatan el agradecimiento y el sosiego turístico. Los adoquines de sus calles serpentean dando paso a lugares donde degustar el bacalao pescado favorito en Portugal, o escuchar un buen fado, si quieres sentir las raíces típicas de la tierra”.

Bacalao a la portuguesa

Mikado no se resiste a rememorar su cena en el Império dos Sentidos. “En el barrio Alto, encontramos un restaurante portugués, donde el risotto de bacalao deja huella”. Pero es Paola la gran conocedora de los puntos culinarios: “La Bota Alta (Travessa de Queimada 35-35), Chapito (Rua da Costa do Castelo 1) y O'BECO (Beco Espíritu Santo 9-11), y las copas en la terraza del Hotel Bairro Alto, para siempre disfrutar de unas buenas vistas”.

Raúl sonríe a las memorias de esa misma vista llena de tejados y bonita decadencia. Del olor a Tajo y de los paseos que suben al Castelo do Jorge, cruzan la orilla tomando el rapidísimo transtejo, acaban en la animada plaza del Rossio, o que permiten ver una catedral a juego con el amarillo del tranvía 28, que la visita arriba y abajo, perpetuamente a lo largo del día.

Y es que el elevador de Santa Justa, el Museo del Azulejo, el crucero por el Tajo desde la desembocadura a la moderna zona de la Expo que plasma el puente Vasco de Gama ante tus ojos, entremezclan el pasado con un presente en armonía como “La renovada plaza del Comercio, donde tienes la oficina de turismo, y puedes adquirir la tarjeta que te permite, según el tiempo de estancia, sacarle el máximo partido a una ciudad que tanto me ha sorprendido” Mikado.

La esencia de Lisboa está en la calle, en sus empinadas cuestas y en esas tiendas peculiares como la de La Conserveira de Lisboa, donde puedes encontrar cualquier manjar enlatado, y pulcramente ordenado desde 1930.

Pero si hay un lugar lleno de misterio y excentricidades, ese es el Pabellón Chino (Pavhilao Chinés, Rua Dom Pedro v 89), en el que Luis siempre que visita Lisboa, acaba una de sus noches. Allí, en un ambiente de museo, con decoración ultrasobrecargada, se toma té, cerveza y cóctel, por ese orden y en variado número...

Y es cierto que pasear por Lisboa te traslada a otro sentir, pero también sus alrededores como describe Beatriz: “Cascáis y la Boca del Infierno lugar de acantilados y bravo oleaje. El cabo de Roca, destaco su faro y su anaranjado atardecer. El parque de Monserrat, puro romanticismo, el Castelo dos Mouros con sus panorámicas a la sierra de Sintra... El Palacio da Pena con su fachada de vivos colores, la Quinta da Regaleira todo un descubrimiento, y las playas de Colares infinitas en su gran humedal... Y Estoril, el Monasterio de Batalha, Fátima conforman todo un capítulo de acontecimientos, comprimidos y prensados como un buen caldo jugoso, el ambiente bohemio, y la calma atlántica...”

Lisboa

Y esa esencia atlántica descansa como yo, en las escaleras que unen la Plaza del Comercio con el agua del Tajo, donde veo que se funden la decadencia y el esplendor de Lisboa.

∗Gracias a Mikado, Beatriz, Paola, Luis y Raúl por compartir vuestro Lisboa conmigo.

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4 comentarios:

#1 Beatriz20 de junio de 2013 19:12

Un placer recordar Lisboa en conjunto, con vosotros.

#2 Mikado25 de junio de 2013 22:18

Que bien se come en el Imperio dos sentidos, muy buen restaurante en el barrio alto. Ciudad colonial venida a menos. Todavía me quedan un par de museos por visitar.

#3 Alberto22 de junio de 2013 12:49

Yo he estado en Lisboa y me ha encantado. Me lo pase genial y ademas me gusto mucho la ciudad. Volveria otra vez.

#4 Luis25 de junio de 2013 23:39

Espero que pases por el Pabellón Chino en tu próxima visita, y nos hagas un reportaje completo. El lugar lo merece

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