Viajes

1812 razones: Cádiz

Texto: Nieves Gzs. Leal Publicado: 25 de abril de 2013


Cádiz

Pueden ser más o menos, pero hemos encontrado 1812 razones para que tu destino sea Cádiz.

Y es que, ese trocito sur del país, unido a tierra por un par de puentes, es demasiado tentador como para dejarlo pasar... aunque a una gran parte de la península, le quede a desmano.

Iniciamos las cuentas de nuestras razones a 45 metros sobre el nivel del mar, en la calle Sacramento -pleno casco histórico- donde se encuentra La Torre Tavira. Las torres miradores son un clásico del perfil que ofrecía la ciudad entre los siglos XVII y XVIII, coincidiendo con el esplendor comercial americano de la ciudad. Su función era la de vivienda, centro de negocio, y sobre todo, la de controlar el puerto. Permitiendo identificar los barcos y que éstos identificaran al comerciante y dueño de la torre. Desde lo alto de la Tavira se admira Cádiz al completo, y su cámara oscura te acerca al detalle y en 360 grados, a lo que está ocurriendo en la ciudad en ese mismo instante. Su terraza, permite la visión de otras torres y clasificarlas según su arquitectura -garita, sillón, terraza o mixta- y sobre todo divisar "La Bella Escondida", la única de las 126 torres en pie, que presenta forma octogonal, e imposible de observar desde la calle.

Incluso tal vez, veas los cuatro mástiles del bergantín-goleta Juan Sebastián Elcano regresando al lugar donde fue botado en 1927 y que ya cumple 83 cruceros de instrucción. Si toca puerto, no pierdas la oportunidad de echarle un vistazo.

No se te pasará por alto, Santa Cruz sobre las aguas, la catedral. Única por su peculiar cúpula amarilla de influencia musulmana, y que representa el color dorado de la riqueza que caracterizaba a la ciudad. Aunque, la catedral sea una clara mezcolanza de materiales debido a las sucesivas crisis económicas que atravesó durante 116 años de construcción.

Verás estrechas callejuelas, desembocando en multitud de plazas tan diferentes como especiales. La del neo mudéjar Teatro Falla, la del Mercado Central repleta de puestecillos donde degustar docenas de docenas de churros, la de las Flores atiborrada de plantas, la de San Juan de Dios donde se localiza el ayuntamiento y la neoclásica Casa de los Pazos de Miranda con su preciosa hornacina, en la del Mentidero con una forma triangular, donde hay que pararse en el ¡Ay Carmela! y probar lo que haya ese día, la de la Mina con el Museo de Cádiz, específicamente en verano la del Tío de la Tiza para comer raciones de pescaíto frito. la de Argüelles donde se ubica la casa de las cuatro torres, la de San Antonio con toda una exposición de casas nobiliarias y una más y hacen 11, la comercial plaza de los Palilleros conectada a la calle Feduchy, que nos conduce a la Taberna Manzanilla, donde Pepe y sus barricas de 250 años ofrecen vino y aceitunas. No hay más tapas en la bodega, su despacho influiría negativamente en la conservación de los vinos…

Rodeada de agua, Cádiz desarrolló toda una robusta defensa que le separara de los conflictos marítimos. De ahí la existencia del Castillo de San Sebastián, y el de Santa Catalina –casi unidos por la Playa de la Caleta con su antiguo balneario hoy en desuso-, el baluarte de la Candelaria –inicio de la Alameda de Comillas, con sus árboles centenarios y su suelo arlequín en blanco y negro-, y que acaba en las Murallas de San Carlos, con un fondo de puentes grúa en el moderno puerto. Además, entre todos ellos, un edificio del siglo XXI con una importante controversia en sus pilares: el Hotel Atlántico (Parador de Cádiz). Que de haber existido en 1812 habría sido, seguramente, el elegido por el Duque de Wellington para pasar la noche en una de sus 124 habitaciones, y no en la calle Veedor, 3 como hizo, y de lo que queda constancia, en un precioso palacete cuyo actual dueño, quiere también convertir en hotel.

La ciudad te ofrecerá un tratamiento de lo más noble, aunque no seas duque, con fantásticas playas como la de la Victoria que en bajamar alcanza una anchura cercana, a los 200 metros, con las tiendas del centro como El Potro, si eres aficionado a los artículos de piel, o con mantequerías de las de toda la vida, donde adquirir un buen alijo de vinagres, aceites y conservas como la situada en la calle Manuel Rances esquina Fermín Salvochea.. Restaurantes, bares y resto de lugares proveedores de buena comida hay mil, pero nosotros os recomendamos el restaurante Bajamar, Santa Lucía 12, para no irse sin probar el atún encebollado con salsa de Barbate y el bar El 10 de Veedor, calle y número incluido en su nombre.

Cádiz

Y nos queda, el Cádiz más influyente en la historia de España. El que se aloja en el interior del Oratorio de San Felipe de Neri. En este templo barroco, con la virgen de Murillo en lo alto del retablo mayor, se consagraron los principios liberales a través de la Constitución del 19 de marzo de 1812. La ciudad está llena de referencias a la Pepa, como el Museo de la Constitución, plazas donde se fueron leyendo partes de los acuerdos, recorridos y monumentos. Así que 201 años después, celebramos ese modelo de libertad en la Plaza de la Constitución, donde un hemiciclo nos recuerda a más de doscientos diputados firmando por primera vez, que la Soberanía Nacional Reside En El Pueblo, lo cual representa muchas más de 1812 razones, para ir y disfrutar, una ciudad como Cádiz.

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3 comentarios:

#1 Beatriz 27 de abril de 2013 00:45

Oh adorable Cádiz,gratos recuerdos dejo en sus calles.

#2 Guada 29 de abril de 2013 20:38

La "tacita de plata". Con sus fantásticas playas, que son uno de sus mayores reclamos turísticos.

#3 ferogalus15 de mayo de 2013 11:18

que bonita cuidad es cadiz, me encanta! ahora hace tiempo que no voy...creo que cuando termine el master turismo que estoy cursando voy a ir a visitar la cuidad porque tengo unas ganas ya! saludos!

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