A 38,5 °C: Relato de invierno

Autor: Nieves Gzs. Leal

Publicado: 27 de Diciembre de 2012

Tumbada como estoy, y con los ojos cerrados, me envuelve un infinito sopor. Mi libro resbala al suelo, y no hay intención de recogerlo.

Siento calor, tanto calor que necesito refrescarme para combatirlo. La bebida que tal vez dejé en la mesita ¿estará fría? Mejor opción: una inmersión acuática, pero un intenso letargo me hace tender al abandono. No quiero extender el brazo, y mucho menos recorrer la distancia al agua. Percibo nítidamente el metal de las gafas sobre el puente de mi nariz, la música que proviene de uno de los auriculares que todavía se mantiene correctamente en su lugar, y la sequedad de mis labios transitados por lo que pudiera haber sido un breve sueño.

Mantengo los ojos cerrados, pero sé que el sol ni está ni se le espera en este gélido día de invierno que se inicia a 38,5 °C.

Tengo fiebre.

Angelina CaféA través de los ojos llorosos, en perpetuo desconsuelo, la ventana me transmite ese gris ventoso tan típico parisino. Se cuelan en mi mente las imágenes de los desayunos en el café Angelina, y los paseos por los soportales de la Rue de Rivoli con el cuello del abrigo subido, y doble vuelta de bufanda. Así se comienza un buen día, aunque el clima suele ser pésimo en París. La magia cerebral que es la imaginación, trae una larguísima playa de azules imposibles.

Así que pulso el botón del ascensor del Hotel Trump en Miami y Plitvice, Croaciaaparezco directamente en la arena de las playas Sunny Isles. Alguien me proporciona toalla y albornoz, y un galante ser de impoluto uniforme blanco clava la sombrilla y ajusta un par de tumbonas al límite del mar…sin embargo, el salado agua azul se convierte en dulce y verde en las lagunas croatas de Plitvice. Camino por sus pasarelas de madera que hacen tan cómodo el desplazarse entre las cascadas, árboles y apéndices forestales. Bar Martinez, DonostiaPero, la pasarela abandona su apariencia, siendo una estrecha calle Mayor de la parte vieja de una ciudad. Conozco sus tiendas y las baldosas del suelo, sé que en cuanto alce unos grados mi visión chocará con la Iglesia de Santa María, girando en la 31 de agosto para entrar en el bar Martínez y tomarme mi pincho ritual en San Sebastián.

Bodegas Campos, CórdobaLa respuesta de mi vacío estómago hace que mis neuronas pulan las imágenes de un arroz con rabo de toro en el sur de la inigualable Córdoba. Viajo rápido y suave. Todo fluye.

Sin embargo, las gotas en el cristal de la ventana me hacen enfocar brevemente la realidad, procesando el inicio de la lluvia. Armani Caffe, DubaiPero al mirar hacia arriba veo metros y metros de una lámpara de cristales brillantes como esas gotas de agua. ¿Dónde estoy? No llueve en Dubái, pero si lo parece en el Armani Caffe del enorme centro comercial. Atravieso una de sus gigantescas salidas y cuando giro me deslumbra otro azul. Puertas de Babilonia, Pergamo Museum, BerlinEl azul intenso de los arcos de las puertas de Babilonia... pero he abandonado oriente y son las salas del Museo de Pérgamo de Berlín las que me reciben. Blaues Band CaféLas horas vuelan en ese lugar, pero cuando uno viaja sin moverse ¿importa el tiempo? Miro mi reflejo en el cristal del restaurante Blaues Band, y sopeso la duda de si lo que tengo en frente es patata o pasta. Me gusta ese lado novedoso que tiene Berlín, incluido los riesgos gastronómicos.

Torre Eiffel, ParisSiento el cuello del abrigo subido y dos vueltas de bufanda mientras camino en mi principio: París.

Pero ya es de noche cuando la bruma cae, y el frío húmedo toma el control de este momento. Y mientras, yo creo que despierto o me gana el sueño a 38,5°C.

Pero al igual que este viaje... ¿importa?

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3 Comentarios:

#1 Beatriz27 de diciembre de 2012 18:34

Siento tu letargo febril, pese a ello admiro tu ánimo e intrépida imaginación y me cuelo sutilmente en tus pensamientos y tus viajes y aventuras vividas, en este año que empieza a despedirse con sabor a castañas asadas y aroma a leña, jengibre, nuez...

#2 Astrid28 de diciembre de 2012 10:26

Espero que te recuperes pronto, pero te animo a que continues con tu labor de cuentaviajes y nos amenices estos ratitos. Un besazo, prima

#3 Conchi1 de enero de 2013 18:58

Me das mucha envidia por ese recorrido por el mundo aún con tus 38,5 de fiebre. La verdad es que hay sitios que ya he visitado como París o esa playa con las dos tumbonas y los chicos guapos...

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