Reconstruyendo su pasado: Dresde

Autor: Nieves Gzs. Leal

Publicado: 25 de Octubre de 2012

Dresden after II World War


La inocencia es la primera víctima en una guerra, y la última.

Son las 22:12 cuando los bombarderos de la Royal Air Force Británica (RAF) sobrevuelan la ciudad sajona de Dresde. El 13 de febrero de 1945, los alemanes ya han perdido la segunda guerra mundial, aunque no parecen dispuestos a admitirlo.

Este hecho se salpica de controversias y aún se discute si el ataque sobre el centro de la ciudad de Dresde, responde a puntos estratégicos militares, demostraciones de poder hacia los soviéticos, o cierta venganza por los bombardeos sufridos en Londres. Pero independientemente de la causa, el resultado es el mismo, lo que la historia recoge como "El infierno de Dresde".

Tras dos días de intensos ataques aéreos, la ciudad queda reducida a escombros, cenizas y humo. Finaliza la guerra en mayo, y Dresde inicia un largo periodo comunista, para transitar en los años 90, por el ansiado proceso de reunificación con el resto de Alemania.


Un pasado muy presente

Frauenkirchea Y ahora Dresde, siente nuevo. El símbolo de la reconstrucción lo lidera la Frauenkirche, la Iglesia de Nuestra Señora. Mantenida en pie durante los bombardeos, y desmoronada un día después, debido a las altas temperaturas generadas, que hicieron sus piedras demasiado porosas para sostenerse.

FrauenkircheSin embargo, desde 2005 la iglesia luce exactamente igual que antaño. En ella, el mastodóntico conjunto de tubos de acero conforman un órgano sobre el altar mayor, protagonista de frecuentes conciertos. Asistir a uno de ellos es una curiosa experiencia. No hay posibilidad de ver al intérprete; nada se mueve, parece que nada ocurre, algunas notas musicales vuelan en lo alto, hasta que una muralla de sonido impacta frontalmente con tu cuerpo...

Las vistas desde su redondeada cúpula me ofrecen el primer contacto con el sosegado río Elba, con sus históricos vapores que despliegan paseos y excursiones, y las verdes praderas que paralelas a su curso, permiten hacer uso intensivo de las bicicletas.

Diviso el Zwinger, un complejo versallesco con fuentes y jardines, para disfrute de la nobleza y que alberga la pinacoteca Alte Meister, una impresionante colección de porcelana con más de 20.000 piezas, y un edificio entero dedicado a las ciencias "puras".

Vislumbro la plaza Schlossplatz, ese precioso rincón para los andares nocturnos, donde la silueta de la reconstruida Catedral le da un toque tenebroso... De ahí a la ópera, edificio Semperoper solitario en esta ciudad barroca por excelencia.

Cuento los puentes al otro Dresde, donde parte es la ampliación soviética, veo como cada edificio muestra su porción de supervivencia –un arco, una pared, medio altar-, y el compartir de la omnipresente grúa. Dresde cambia para recoger su pasado, y sobre todo generar su presente.


Dresde hoy

El Barrio Barroco estrena, en la plaza de Neumarkt, restaurantes, edificios, terrazas, hoteles como el recomendable Hilton Dresde y hasta suelos. Es una eclosión de novedades con gran número de locales, tiendas y espíritus renovados que inunda la ciudad de un atractivo ocio.

En la plaza Altmarkt, con el NH Dresde como opción de residencia, se asienta un típico mercadillo alemán, dónde además de hacer compras, puedes realizar el parón de mediodía y degustar el estofado de salchichas, los champiñones guisados, los perritos calientes versión sajona y las "pequeñas" jarras de cerveza de medio litro.

Un restaurante típico sajón, frecuentado por locales, es el Sophienkeller. Enorme sótano cuya decoración reproduce un acontecimiento militar en el que el rey Augusto El Fuerte presentó su armada al rey prusiano, desplegando tiendas de campaña, carruseles, echadores de cartas, cañones y todo un ambiente medieval. Además de la puesta en escena, la comida, el trato y el precio son perfectos.

Abandono la ciudad desde el estratégico Ibis (5 min del centro, 5 min de la estación de tren) con el buen eco que Dresde me ha generado. Paseo por el andén para mitigar el retraso de mi tren hacia Berlín. En lugar del alta velocidad ICE, aparece un antiguo expreso procedente de Budapest. De mi vagón baja un policía con una enorme maleta verde. Tras él, un niño de apenas 10 años. Dos policías suben, y como un desfile de pequeñas muñecas rusas comienzan a bajar de la mano tres niños más. Los policías los conducen cariñosamente hasta un banco cercano. Se sientan los cuatro en perfecto orden, mientras miran a un hombre que baja con un pequeño más y una mujer con un bebé dormido en brazos. Contemplo al matrimonio con sus seis hijos. Todos son inmigrantes ilegales. Los tristes ojos oscuros de cada uno de ellos reflejan, sin duda, que todavía algunos, sufren un infierno en Dresde.

La inocencia es siempre la primera víctima y la última.
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4 Comentarios:

#1 Astrid 26 de octubre de 2012 10:29

Parece una ciudad muy interesante de visitar como casi todas las ciudades de Europa, con una gran historia, importante gastronomía y unos paisajes dignos de admiración.

#2 Luis30 de octubre de 2012 10:59

Nieves, gracias de nuevo por añadir la nota histórica a tus relatos de viajes. Dresde, a la sombra de Berlín, merece una visita.

#3 Beatriz4 de noviembre de 2012 13:53

Maravilloso lugar para perderse..!

#4 Ofloda2 de enero de 2013 19:45

Partiendo desde mi rechazo sin condiciones a la guerra, desde mi perspectiva ética, moral e intelectual, tengo mi opinión respecto al bombardeo. A pesar de que, a simple vista, la guerra estaba perdida para Alemania, lo cierto es que aún continuaban combatiendo. Estaba presente el recuerdo de la Primera Guerra Mundial, en la que ante una situación semejante, Alemania siguió combatiendo causando a si misma y a los aliados bajas insoportables de asumir. Estaba también el hecho de que existían nuevas armas a punto de salir a la luz, como la bomba atómica, que Alemania habría usado sin remilgos. Por eso la aceleración del Proyecto Manhatan en USA, pretendiendo adelantarse a los alemanes. Y estaba, finalmente, el hecho de que la población alemana estuvo la mayor parte de la guerra lejana a las consecuencias de la misma. Desde 1939 la guerra ya dejó de ser cosa entre soldados. La población civil se convirtió, por diversas razones, en objetivo prioritario. Todo ello llevó al bombardeo de Dresde con tanta virulencia.

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