Un cuadro, una reina y un lugar: Medina del Campo

Autor: Nieves Gzs. Leal

Publicado: 23 de Agosto de 2012

El cuadro

Isabel la Católica dictando testamento, Museo del prado de Madrid Cruzo la puerta de Velázquez del Museo del Prado, y su interior, vacío de visitantes, transmite las mismas diferencias que una ciudad de noche y de día. Las solitarias salas, el falso silencio y tal vez, el sentimiento de ser observada por personajes de los cuadros, tiznan el ambiente de irrealidad.

Me dirijo a la Sala 61B, bajo la atenta mirada del personal de seguridad asignado a mi espalda, que devuelve la realidad perdida. Sale a mi encuentro Luis, experto del XIX, que sonríe señalando los 12 metros cuadrados de lienzo objetivo de la visita: Doña Isabel La Católica dictando su testamento.

Es el original de 1864, por el que Eduardo Rosales recibió la medalla de oro en la Exposición Universal de París. El cuadro representa el otoño de 1504, momento en que la Reina Católica dicta su testamento en Medina del Campo, Valladolid. Luis me comenta que Rosales estaba de estancia en Roma cuando elaboró este homenaje al realismo de Velázquez, y que la obra se toma sus licencias. La reina iluminada como punto principal, se muestra mucho más joven que sus 53 años, y no hay en su rostro, rastro de enfermedad. Además, la figura al lado del rey que representa a su hija Juana, es una inclusión ficticia, ya que ésta se encontraba en Flandes.


La reina

Isabel la Católica Luis y yo comentamos las jugadas magistrales de la reina durante toda su existencia: el enfrentamiento con su hermano Enrique de Castilla, su matrimonio/alianza con Fernando, su lucha por el trono con la Beltraneja, sus políticas equilibristas con la nobleza, la conquista de Granada, su apoyo a Colón, y sus reservas ante la expulsión de los judíos. Pero tras la corona, está la tremendamente religiosa y persistente mujer; con los síntomas heredados de su madre, de lo que luego aquejaría con mal fin también a su hija Juana. Recorrió España sin descanso, aún estando embarazada; renunció a los lujos de su condición y sufrió la pérdida de dos hijos, y un nieto, lo que marcaría el inicio de su declive.

En su testamento y posterior codicilo dejó dicho que sus sucesores debían esforzarse en conquistar para el cristianismo el Norte de África siguiendo la reconquista peninsular. Se mostró defensora de la igualdad de sus súbditos americanos con los del Viejo Mundo siendo Precursora de los Derechos Humanos, e intentó con sus disposiciones finales, salvar la incertidumbre en la que quedaba Castilla, abocada a tener un rey extranjero (Felipe el Hermoso) y una reina de facultades mentales alteradas.


El lugar

A Luis y a mí, la conversación nos lleva al Palacio Testamentario, final de la vida de Isabel, y donde se puede ver su testamento. Está situado en una esquina de la plaza mayor de Medina del Campo, donde acudían mercaderes de toda Europa en los siglos XV y XVI a sus importantes ferias.

En Medina del Campo existe un monumento a la primera letra de cambio e incluso un Museo de Ferias, el edificio de las Reales Carnicerías, o la Casa del Peso, que demuestra lo íntimamente que estaban ligados comercio y ciudad. La villa, gozaba de cierta independencia, que se refleja en la leyenda de su escudo “Ni al Rey oficio, ni al Papa beneficio”, aunque la plaza aglutina la representación de los tres poderes de la época: el Palacio Real/Testamentario, la Casa Consistorial y la Colegiata de San Antolín, está última guarda en una de sus capillas una Piedad de Juan de Juni perfecto ejemplo de manierismo.

Antiguas tiendas y muchos restaurantes, permiten degustar, en un día de invierno, las sopas de pan, los asados de cochinillo y lechazo, el verdejo D. O. Rueda, los hojaldres y las graciosas rosquillas “cagadillas de gato”.

Luis apunta la austera Iglesia de Santiago, la afición de los jesuitas a coleccionar reliquias y el retablo que la preside. Para luego recordar que el Castillo de la Mota, ha sobrevivido a 300 años de abandono, siendo desde arsenal artillero, residencia de los Reyes Católicos, Archivo de la Corona hasta Escuela de la Sección Femenina. Y que los 40 metros de altura de su Torre del Homenaje, son subida obligatoria para comprobar las vistas castellanas.

El cerebro me trae de vuelta al cuadro y oigo a Luis ofrecer un café. Lástima no poder acercarnos al Palacio Balneario de Las Salinas, con su estética inglesa del siglo XIX, sus jardines y los manantiales de aguas sulfurosas, que incluso permiten tener una experiencia termal a 4 km de Medina del Campo, y recibir el trato de una auténtica reina…

testamento Isabel la Católica


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2 Comentarios:

#1 Luis27 de Agosto de 2012 12:34

Muchas gracias por extender los valiosos tesoros del Museo del Prado y dar a conocer la vida de un pintor y su obra. Además de resaltar la figura de Isabel La Católica y un lugar tan lleno de historia como Medina del Campo.

#2 CONCHI16 de Septiembre de 2012 20:37

Hace mucho estuve en Medina del Campo, la cual me gustó.
Tengo que volver para ver el testamento. Me encantó el cuadro en el Prado.

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